La mirada sin rostro, 2001

Lola Donaire

 

La mayor parte de la producción artística que Anna Bordonada ha realizado durante los últimos tres años se ha circunscrito al soporte fotográfico, en gran medida, por la inmediatez y eficacia que le permite este medio, sobre todo, a la hora de plasmar unas imágenes que proceden de un mundo, en apariencia, intimista. El cuerpo, fragmentos del mismo y algunos objetos alusivos a lo corporal se configuran como iconos de una mirada que, sin embargo, se mantiene oculta, desde un rostro que no se ve. De ahí, que me atreva a hablar de la mirada sin rostro, como si se tratara de una ausencia de identidad o de una identidad genérica.

La obra de Bordonada plantea lo paradójico. La paradoja es una de las figuras retóricas más compleja, resulta imposible de resolver. Pero ésta no sólo es una figura lingüística, es una creación de la mente y también una proyección que responde al reflejo de lo que la vida presenta en ocasiones, ello ha fascinado a pensadores y filósofos durante siglos. Parece que las circunstancias actuales, más que nunca, evidencian situaciones irresolubles. Por ello, y en este sentido, la artista parece querer mostrarnos en imágenes acontecimientos imposibles, creando una representación cuyos juegos especulares resultan un efecto que tiende a lo barroco. Las fotografías de una figura de espaldas a la cámara aparece, otra vez, reflejada de espaldas sobre el espejo, ocultando un rostro que ni si quiera se ve a sí mismo. Esta mirada sin rostro muestra aquello que no ve de sí, a través de un acto paradójico, reproduciendo esta situación en otras imágenes donde el sujeto que se refleja acaba por desaparecer y sólo se encuentra su reflejo.

Si resultan significativas las imágenes cuyas figuras carecen de rostro, ya no sólo por la representación paradójica, sino por la aparente indefinición de la identidad femenina, no lo son menos las fotografías de fragmentos corporales cubiertos de algún objeto extraño, a modo de prótesis metálica -protuberancia defensiva, mutación genética- para uno tiempos acelerados, tecnológicos, casi robóticos. La estrategia es desarrollar apéndices adaptativos. La artista remite entonces a una sintomatología del presente. Hablar de síntoma es intentar diagnosticar algún tipo de enfermedad, pero parece que la prótesis y la inidentidad o desidentificación no se refieren tanto a algún tipo de lacra, sino a la evidencia de la conciencia de un aspecto del sí mismo: la más profunda soledad. Esta categoría, que desde el romanticismo y a lo largo de la modernidad tomó cuerpo con el relato sobre el individualismo y el sujeto autoconsciente, no la ha podido solapar el discurso postmoderno, ni tan siquiera en la era de la comunicación global, de los chats conectados y del internet planetario.

La obra de Bordonada, en suma, se sitúa dentro de las corrientes que abordan la identidad, pero en disonancia con los planteamientos más puristas y políticamente radicales sobre el género. Por contra, y aún partiendo de una experiencia bastante autobiográfica, su propuesta se adscribe a una forma más genérica de concebir al sujeto problematizado, podría decir ¿más universal?. La ausencia del rostro en todas sus imágenes -siendo aquel la parte más significativa del cuerpo que permite la identificación- diluye cualquier posibilidad de inmediato reconocimiento, de singularizar la personalidad, de establecer unas rasgos que determinen una identidad reconocible. De este modo, no reivindica una identidad determinada.

Su estrategia de una mirada sin rostro confronta al espectador a otro síntoma del presente, que se constituye en paradójico frente a la diferencia y el pluralismo multicultural: la deshumanización, y ya no del arte, sino del sujeto que deberá reinventarse para volver a mostrar su rostro, otra cara y una nueva identidad que, todavía, está por construir. Así, este anhelo, esta aspiración, hace de las imágenes de Bordonada un interesante referente, tanto del estatuto artístico de la fotografía, como de potente instigador a la reflexión sobre la condición humana.

The Faceless Gaze, 2001

Lola Donaire

 

The main part of the artistic production that Anna Bordonada has produced in the last three years has been circumscribed to a photographic support. To a great extend, it has been so for the immediacy and the efficacy that this technique allows, specially, when giving shape to images that come from another world; apparently, an intimate one. The body, parts of it and some objects that make allusion to what is corporal configure themselves as icons of a gaze. Nevertheless, this gaze keeps hidden from a face that is not seen. From this point of view, I dare to talk about a Faceless Gaze, as if we were dealing with a lack of identity or a generic identity.

 

Bordonada’s work suggests what is paradoxical. Being paradox one of the most complicated rhetoric figures, it becomes impossible to solve. However, it is not only a figure of speech, but also a mind’s creation as well as a projection that mirrors what life itself offers occasionally. This projection has fascinated thinkers and philosophers for centuries. It seems that the present circumstances, more than ever, make evident unsolvable situations. Being aware of this and in this sense, the artist seems to want to show us impossible events through images. Images that create a representation whose mirroring games lead to an effect that tends to baroque. The photographs of a figure on it’s back to the camera appears, one more time, reflected on it’s back on the mirror, hiding a face that can not be seen even by itself. This faceless gaze shows what the figure can not see of itself, through a paradoxical act. This situation is shown in other images where the reflected subject ends up disappearing and only finds its reflection.

 

The images whose figures lack of a face are significant not only for the paradoxical representation, but also for the apparent vagueness of the feminine identity. However, the photographs of parts of the body covered by some strange object –defensive protuberance, genetic mutation- adapted to hastening, technologic and almost robotic times are likewise significant. The strategy is to develop adaptive appendixes. Then, the artist makes reference to a symptomatology of the present. Speaking about symptom is trying to diagnose some kind of illness. However, it seems that the prosthesis and the unidentity or unidentification do not refer so much to some kind of blot, but to the conscience’s obviousness of an aspect of itself. This is to say, the deepest solitude. From Romanticism and through Modernity, this category achieved its realization with the speech about individualism and the self-conscious subject. Nevertheless, the post-modern speech has not been able to overlap this category, not even in the communication era, the online chats and the planetary Internet.

 

Summing up, Bordonada’s work gets a position inside the art trends that deal with identity, but in discord with the most purist and politically radical approaches on the genre. On the contrary, and yet starting from a fairly autobiographic experience, her proposal is attached to a more generic way of understanding of the subject. Could I say, more universal? The lack of a face in all her images –being this the most significant part of the body that allows identification- dilutes any chance of immediate recognition. It becomes impossible to singularize the personality, to establish some features that may determine a recognizable identity. However, this way, she does not claim any specific identity.

 

Her strategy of a faceless gaze confronts the audience to another symptom of the present time, which constitutes itself into paradoxical in front of the difference and multicultural pluralism: dehumanization. And not only an art’s dehumanization, but also a subject’s one that will have to reinvent itself in order to show back its face, a new identity that is to be built yet. So, this eagerness, this aspiration, makes from Bordonada’s images an interesting reference, not only of the artistic statute but also as a powerful instigator think about human condition.