3 de diciembre de 2017

Domingo 3 de diciembre, el día que empezamos a materializar el laberinto.

Es una fría y ventosa mañana de diciembre, estamos en el Empordà!

Nos reunimos en Camallera, lugar de ubicación del laberinto.

Una vez todos en casa, pusimos en común impresiones e informaciones que cada un@ traía para compartir. Yo había traído algunos dibujos para empezar que, al pasarlos a la realidad se transformarían un poquito para que así fuera más funcional en el futuro. Añadimos un espacio circular en el centro.

Después de las charlas y los tés fuimos al espacio al aire libre para empezar!

Para empezar, antes de marcar el laberinto, abrir el espacio. Lo hicimos en círculo todos los que estábamos allí. Nombramos las intenciones y lo anclamos con un sencillo y bello ritual.

Seguidamente lo empezamos a marcar con piedras.

El día fue avanzando y, al atardecer, el laberinto ya estaba marcado con piedras en la Tierra.
Una vez dibujado, con la percusión, a ritmo del latido del corazón de la Tierra, nos iniciamos en caminar por primera vez el precioso laberinto creado.

Hacia dentro, centro, con abrazo en círculo incluido y hacia fuera de vuelta.

Ese día era Súper Luna Llena en géminis, día que, emprendimos un viaje, cada uno el suyo y a la vez compartido, hacia un proceso de cambio, de transmutación. Creo que a veces no somos conscientes del viaje que estamos a punto de emprender, de la profundidad que puede alcanzar. Pero una vez iniciado, ya no hay marcha atrás y, como sientes que el proceso es para bien, para sanar, la fuerza se apodera de ti. A partir de ese día, cada lunes, me desplazo hasta Camallera para seguir con la construcción del laberinto. Suelo pasar una 5 o 6 horas. Y os aseguro que me energetiza para el resto de la semana y para continuar en el proceso de ir hacia dentro.
Laberinto a la luz de la Luna Llena. 3 de diciembre de 2017, Camallera.