14 de mayo de 2018

Hoy me he propuesto acabar la penúltima línea del laberinto. Lo he conseguido pero como se ha puesto a llover, el último tramo de la línea lo he hecho bajo el agua.

También mi camino de cierre de la sesión ha sido bajo la lluvia. Me ha gustado hacerlo pasado por agua, visualizaba que, al ir caminando, me iba limpiando, iba soltando lo que ya no me sirve en mi cuerpo y en mi vida en el momento presente.

La jornada la he empezado, como siempre, haciendo el camino para abrir la sesión de trabajo.

Al cabo de un rato ha venido una amiga de visita, ha caminado el laberinto y ha compartido impresiones conmigo.

Hemos hablado de la importancia de andar descalzas, ella es reflexóloga podal y lo tiene claro. La energía que la tierra nos devuelve y activa en nuestros pies y nuestro cuerpo cuando andamos descalzas sobre la tierra es muy distinta a cuando andamos con zapatos sobre el asfalto que nos llega más como impacto.

El trabajo de construcción ha fluido bien, algunos pellizcos de hormigas por el hecho de andar descalza en algunas zonas. Las hormigas han hecho algunos hormigueros dentro del laberinto y varios alrededor.

Los olivos que recién plantaron hace unas semanas ya están brotando.

Cuanta belleza nos da la naturaleza.

 

 

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